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sábado, 20 de julio de 2013

El caso de Mary Bell ¿Realmente culpable?

Todo lo que importa es mentir bien. 
Mary Flora Bell nació el 26 de mayo de 1957 en Newcastle, Inglaterra. Fue una niña maltratada desde su salida del vientre materno. Al nacer, Betty, su madre la alejo de sí con asco y repudio gritando: “alejen esa cosa de mí”; Betty tenía apenas dieciséis años. Nunca se supo quién fue el padre biológico de Mary; su padrastro era Billy Bell, un ladrón que insistía en que sus hijos lo llamaran “tío” para poder cobrar las pensiones del gobierno. La madre de Mary intentó matar a su hija varias veces, fingiendo que la niña sufría “accidentes”. Después se convirtió en prostituta y gustaba de utilizar a Mary para satisfacer los deseos desus clientes.
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Mary era una niña muy hermosa; parecía una muñeca, aunque siempre hubo algo andrógino en sus facciones. Desde los cinco años su madre la hacía participar en juegos sexuales con otros niños y a los ocho años la vendió a un cliente para que la desflorara. Luego la usaba para ofrecerla a cliente pedófilos. Mary declararía a la policía que su madre la sujetaba, desnuda, mientras los hombres que pagaban por ella le introducían el pene en la boca, hasta eyacular. Según su testimonio, siempre terminaba vomitando el semen. Así creció Mary, en medio de una familia enferma y disfuncional.
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Durante ese tiempo, gozaba maltratando y torturando animales, como perros y gatos. El 25 de mayo de 1968, un día antes del cumpleaños número 11 de Mary, ocurrió una tragedia. Martin Brown, un pequeño niño que era vecino de las Bell, murió. Aunque la prensa dijo que se había caído mientras jugaba, lo cierto era que Martín había muerto estrangulado y que tenía varios golpes y una contusión sangrante en la cabeza.

Martin brown
                                                       Martin brown
La autora había sido la niña. Mary lo había empujado y como todavía estaba consciente, decidió estrangularlo.

Después del asesinato, Mary y su amiga Norma irrumpieron en una guardería en Scotswood, destrozando el lugar y dejando una nota responsabilizándose del asesinato de Martin Brown. La Policía de Newcastle desestimó este incidente diciendo que era sólo una broma.

Nota dejada por Norma y Mary
Nota dejada por Norma y Mary


El 31 de julio, un niño de tres años llamado Brian Howe desapareció. Al ver pasar a Pat, la hermana de diez años del chico, Mary le preguntó: “¿Estas buscando a Brian?” Ella respondió: “Sí, ya debería estar en casa”. Poco después, el niño fue hallado muerto y mutilado cerca de una construcción. Tenía una letra “M” dibujada en el abdomen con cortes de navaja. Con unas tijeras habían cortado mechones de su cabello y habían cercenado sus genitales. A juzgar por los cortes parecía que se trataba de un juego ritual, por lo que la policía pensó inmediatamente en un niño o un adolescente.

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                                                       Brian howe
La familia de Brian dijo que sospechaban de Mary Bell y su mejor amiga, Norma, pues las dos niñas los habían estado acosando preguntándoles si extrañaban a Brian, si lo querían, incluso en tono de burla. La policía arrestó a las niñas en agosto. Tras interrogarlas, supieron que Mary Bell había matado a Brian. Lo había estrangulado, lo había herido con unas tijeras para pasto y después le había impreso su marca. Primero dibujó una letra “N” (la inicial de Norma), pero después corrigió y la transformó en “M”.
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Arrestada también, el relato de su amiga Norma concluyó que Mary había actuado sola y que después de matar al niño había llamado a Norma para mostrarle su obra. Norma fue absuelta de todos los cargos. Mary declaraba haber disfrutado ambos asesinatos. Esto se mostró también cuando la policía encontró sus diarios, donde describía todo con lujo de detalles.

Una página del diario
Una página del diario
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Tras ser examinada por los psiquiatras, fue declarada psicópata, encerrada en prisión y condenada en diciembre de 1968 por el cargo de asesinato en segundo grado. Los periódicos la bautizaron como “La Niña Asesina”.Tras ser examinada por los psiquiatras, fue declarada psicópata, encerrada en prisión y condenada en diciembre de 1968 por el cargo de asesinato en segundo grado. Los periódicos la bautizaron como “La Niña Asesina”.

Titulares
                                                      Titulares


Mary obtuvo otra vez los titulares cuando en septiembre de 1979 escapó brevemente de la custodia de la prisión. Mary Bell salió en libertad en 1980, doce años después de su condena, a los 23 años. Una vez fuera de la cárcel, se le dio una nueva identidad. Conoció a un joven que la dejó embarazada. Abortó a su primer hijo.
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Mary se convirtió en madre en 1984. Lo insólito fue que de infanticida, se transformó en una madre cariñosa y llena de atenciones hacia su bebe. Tiempo después, conoció a otro hombre con el que se casó y formó un hogar.
Sin embargo, y pese a la rehabilitación y nueva identidad de Mary Bell, la sociedad no olvidó su atroz historia y los periódicos siempre descubrían donde estaba. Nadie quería a Mary Bell cerca. Pasó su vida huyendo y escondiéndose, fingiendo ser otra persona hasta que alguien la identificaba y tenía que volver a marcharse. El estigma de sus crímenes la perseguiría siempre.
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Mary con 35 años
                                                   Mary con 35 años

El 21 de mayo de 2003, Mary Bell obtuvo la victoria en la Corte, para mantener su anonimato y el de su hija por el resto de sus vidas. Pero los investigadores privados, contratados por la familia de Martin Brown, siguieron rastreándola. Tuvo que vivir escondida con el temor de que, a donde fuera, alguien podría identificar en ella a la “Niña Asesina”.



Ted Bundy

Ted Bundy era un hombre inteligente y atractivo, un seductor irresistible. Cada mes recibía cientos de cartas de amor repletas de piropos, proposiciones indecentes y besos pintados con carmín sobre el papel. Ese envidiable correo le era remitido a la prisión de Starke, en Florida, donde permaneció recluido hasta que el 24 de enero de 1989 fue ejecutado en la silla eléctrica. Era su castigo por haber matado sádicamente a más de 30 bellas muchachas.
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Acaso el asesino en serie más famoso de la historia, Bundy ejercía sobre el público una fascinación casi obscena. La audiencia devoraba con glotonería cada una de sus palabras. Esperaban resolver el enigma de por qué un WASP arquetípico había elegido trazar semejante laberinto de sangre.
Porque Bundy, nacido en 1946 y antiguo boy scout, no encajaba en el perfil macabro del psicópata. Licenciado Psicología, se había involucrado en política y se le consideraba como una joven promesa del Partido Republicano. Bundy era además un ‘gentilhomme charmant’, un joven guapo y jovial con facilidad de palabra. Aquella máscara escondía a un monstruo despiadado.
Para cometer sus crímenes, Bundy apelaba a la bondad de sus víctimas. Paseaba por los campus universitarios con muletas o con el brazo en cabestrillo, y dejaba que sus libros se cayeran al suelo a la vista de alguna chica. Ellas no podían negarle ayuda a un sujeto que inspiraba confianza y ternura, y le acompañaban hasta su coche. Entonces Bundy las golpeaba con una palanca e iniciaba la pesadilla.
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Más de una treintena de brutales crímenes
Las autoridades policiales jamás pudieron determinar el número exacto de mujeres que sucumbieron a las atrocidades de Bundy en los 70. Ese secreto se lo llevó a la tumba, aunque confesó cerca de treinta asesinatos, siempre de mujeres con larga melena peinada con raya al medio. Ese era el ‘look’ de Stephanie Brooks, el primer amor de un Bundy con el que que rompería tras un año de relación.
Los expedientes de aquellos casos evidenciaban escabrosas violaciones, descuartizamientos y prácticas necrófilas. Cuando todavía vivía en Washington, Bundy se deshacía de los cadáveres en los frondosos bosques a las afueras de Seattle. Sin embargo, regresaba a la escena del crimen con frecuencia enfermiza. Pudo comprobarse que en ocasiones se llevaba a casa cabezas decapitadas para aplicarles maquillaje.
El ímpetu homicida de Bundy se cobraría víctimas no sólo en Washington, sino también en Oregón, Utah, Idaho, Colorado y Florida. Desafortunadamente, nadie era capaz de conectar los sucesos entre sí. Hasta que a Bundy le abandonó la suerte.
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Detención y fuga
En el verano de 1975, la policía lo detuvo por conducción errática. Registraron su vehículo y se encontraron con una cámara de los horrores en el maletero: esposas, pasamontañas, barras de hierro… Y unas facturas de gasolina que lo situaban en los lugares y las fechas en que numerosas chicas habían desaparecido.
Bundy fue encarcelado en Colorado en febrero de 1976. No obstante, dos meses más tarde logró escapar, saltando desde una altura de dos pisos a través de la biblioteca de la cárcel. Su huida duró seis días, pero en la víspera de Nochevieja volvió a fugarse, esta vez a través de los conductos del aire. Había adelgazado varios kilos para caber por el hueco.
Esa segundo evasión acarrearía consecuencias catastróficas. Bundy, presa prioritaria en la lista del FBI, cruzó el país hasta llegar a Florida, donde se dejó barba y cambió de nombre. Sólo dos semanas después de su fuga, entró en una residencia de estudiantes femenina y mató a dos jóvenes. Otras dos quedaron seriamente malheridas, y a menos de un kilómetro una quinta víctima fue atacada aquella noche. Sin embargo, el crimen que más conmocionó a la sociedad fue el de Kimberly Leach. La pequeña de 12 años fue brutalmente violada y asesinada.
La captura definitiva de Bundy fue nuevamente producto de la casualidad. Conducía un Volkswagen Beetle sin las luces puestas, y atrajo la atención de un agente que logró reducirlo y llevarlo al calabozo, para exasperación de Bundy. “Claro que me enfado”, comentaría en una entrevista televisiva, “Me enfado y me indigno. No me gusta que me encierren por algo que no he hecho. No me gusta que me arrebaten la libertad. No me gusta ser tratado como un animal. No me gusta que la gente me escudriñe como si fuese un bicho raro. Porque no lo soy”.
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                                                           Esperpento en el tribunal
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Bundy durante el juicio.
Muchos Estados solicitaron su extradición, pero el primer juicio tendría lugar en Florida. Bundy había despedido a sus abogados y obtuvo permiso para defenderse a sí mismo y protagonizar ante el tribunal un lamentable espectáculo ‘made in America’. Él mismo interrogaba a los testigos pidiendo que recordaran lo sucedido, y paladeaba con regocijo cada detalle de la experiencia revivida.
Quedó tan claro como nunca que Bundy era un perturbado. Pero su presencia, hipnótica y morbosa, atraía a decenas de ‘groupies’. El esperpento judicial alcanzó su cima cuando Bundy, aprovechando una vieja ley que permitía contraer matrimonio estando bajo juramento, se casó en plena sesión del tribunal con una admiradora llamada Carole Ann Boone. El fruto de las visitas conyugales (frecuentes hasta su separación en 1986) fue una hija que permanece actualmente en el más estricto anonimato.
Espeluznantes historias de amor aparte, Bundy fue condenado a muerte en 1980, una sentencia que su madre lamentaba: “Mi educación cristiana me dice que arrebatar la vida del prójimo es deleznable bajo cualquier circunstancia. Y no creo que el Estado de Florida esté por encima de las leyes de Dios”. Louise todavía confiaba en la inocencia de su hijo, que no le confesó la verdad hasta la noche antes de su ejecución.
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Bundy, tras ser ejecutado
Agonía prolongada
Bundy esquivaría la muerte durante casi nueve años, agotando todos los recursos judiciales e incluso manipulando a las autoridades. Cual Sherezade de vocación siniestra, ganaba tiempo ofreciendo a los investigadores datos de asesinatos jamás resueltos.
Su crédito negociador se agotó definitivamente el 24 de enero de 1989. Aquella mañana, cientos de personas se arremolinaban en el exterior de la prisión de Starke. Había un ambiente carnavalesco y de júbilo apenas disimulado a la espera de la ejecución de Bundy. Las pancartas rezaban lemas líricos tan inspirados como ‘Las rosas son rojas/ Las violetas azules/ Buenos días, Ted/ Te vamos a matar’.
Se filtraron informaciones de que Bundy empezó a tartamudear cuando vio la silla eléctrica. Él, siempre carismático y petulante, perdió su legendaria compostura cuando llegó su hora. En aquel instante, ni siquiera las cartas de amor que acumulaban polvo en su celda eran un consuelo. Era el momento de saldar deudas con sus viejos fantasmas.

Fuente:
http://tejiendoelmundo.wordpress.com 

Ted Bundy es una película rodada en 2002 del director y escritor Matthew Bright, basado en la vida del asesino.



“Yo soy el hombre del siglo. Nadie nunca me olvidará…”

Año 1948, Colombia. El político popular Liberal Jorge Eliecer Gaitan es asesinado y estalla una guerra civil en el país. Comienza un periodo de violencia que se extenderá a lo largo de la siguiente década y que se llevará consigo más de 200.000 víctimas.

“Era como una fiesta.

Pero después de un rato…  porque no podía moverse, me aburría y me iba en busca de chicas nuevas. “

En este ambiente violento, en el pequeño pueblo de Tolima,  llega al mundo en el año 1949 Pedro Alonso López. Hijo de una prostituta, Pedro es el séptimo de 13 hermanos y desde el principio, su infancia se antoja bastante difícil. Su madre tiene preocupaciones mayores que repartir amor y educación a sus innumerables hijos y su carácter, dominador y duro, hace que Pedro prefiera pasar la mayor parte del tiempo en las calles, de este modo, tampoco tiene que contemplar como su madre recibe a sus clientes en su propia casa.
Y las calles de Colombia en aquella década no eran precisamente la mejor escuela que se podía tener; el incremento del crimen con respecto al resto de países era cincuenta veces más alto que lo habitual en el resto del mundo.
Cuando Pedro tiene 8 años, su madre los sorprende intentando mantener relaciones sexuales con su hermana más joven y lo echa de casa. Así Pedro comienza a vagar sin rumbo fijo por las peligrosas calles, explorando lugares y barrios a los que nunca había llegado. A los pocos días de su exilio y engañado por un hombre viejo que le ofrece comida y cobijo, Pedro es sodomizado en varias ocasiones antes de ser devuelto a los oscuros callejones.

“Es como comer pollo. ¿Por qué comer pollo de edad cuando se puede tener el pollo joven? “
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No sería la última vez que fuera acosado por extraños en las aceras y lugares abandonados donde solía tumbarse a dormir y esto convierte al pequeño en un ser muy temeroso. Durante el día, se esconde donde nadie le pueda encontrar y tan solo sale de forma esporádica a buscar comida entre la basura.
Ha pasado ya un año desde que Pedro vaga por los suburbios de su ciudad y decide cambiar de aires. Sin rumbo declarado, acaba en la ciudad de Bogotá donde por un tiempo, cambiará su suerte. Un ciudadano americano se apiada de él y lo ampara en su familia. Pedro tiene casa, comida e incluso es escolarizado, pero el sino de Pedro no es la fortuna y pocos años después, cuando tiene 12 años, un maestro del colegio le agrede sexualmente de nuevo y los miedos retornan a él, roba dinero de la oficina del colegio y de nuevo, se lanza a las calles.
La guerra civil ya ha terminado y el país intenta reestructurarse, nuevas fábricas comienzan a abrirse y se abren nuevas posibilidades. Pero Pedro no tiene ninguna experiencia laboral y es rechazado sistemáticamente en todos los lugares donde busca trabajo y se ve obligado a el único oficio que ha aprendido en las calles; robar automóviles.
No tarde en convertirse en uno de los ladrones más habilidosos en su campo, llegando a convertirse en un delincuente admirado por los aprendices y muy solicitado por los que controlan el negocio. Pero en 1969, cuando tiene 18 años, sus habilidades no evitan que sea apresado y condenado a 7 años de prisión.
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“El momento de la muerte es apasionante, y excitante.

Algún día, cuando esté en libertad, sentiré ese momento de nuevo.

Estaré encantado de volver a matar. Es mi misión “.
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A los dos días de estar encarcelado, Pedro es violado por tres presos mayores que él. Su rabia y su afán de venganza no tardarán en estallar y consiguiéndose un cuchillo degüella, uno tras otro, a sus tres violadores. Sus actos son juzgados como defensa propia y su condena tan solo es aumentada en dos años.
Pero en el interior de Pedro, su acto vengativo ha hecho germinar una semilla oscura de poder. Han desaparecido sus miedos y, a partir de ahora, nadie volverá a abusar de él  sino que él se convertirá en el abusador y cuando quiera algo, simplemente lo cogerá, pese a que para satisfacer sus deseos tenga que acabar con la vida de seres inocentes.
Debido al abuso mental que soportó en las manos de su madre durante sus años tempranos había crecido temeroso de las mujeres. La comunicación social con ellas era impracticable, y satisfacía sus deseos con libros pornográficos y revistas. En la mente de Pedro su madre tenía la culpa de todo el sufrimiento de su vida y dolor de su corazón.
En 1978 sale de prisión y comienza a viajar por todos los rincones de Perú dejando tras de sí un terrible reguero de violaciones y asesinatos.  En pocos meses por lo menos  cien muchachas jóvenes de tribus locales son atacadas violentamente por Pedro Alonso López, que tras asesinarlas, las entierra cuidadosamente.
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“Hay un momento maravilloso, un momento divino cuando tengo las manos alrededor de la garganta de una mujer joven.”
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Las denuncias de las tribus no son tomadas en demasiada consideración por la policía que presume que las jóvenes han sido raptadas por las redes de trata de blancas y esclavismo que proliferan en la región, de este modo Pedro continúa de modo impune su viaje de muerte y sadismo hasta que, en el norte del Perú, es capturado por un grupo de Ayacuchos cuando intenta secuestrar a una joven de la tribu. Los indios lo torturan durante varios días, lo entierran hasta la cabeza y lo untan con miel para que las hormigas acaben con él, pero por suerte para él, aparece  una  misionera americana amiga de la tribu, que  los convence para que lo entreguen a las autoridades. Pedro es atado y depositado en la parte trasera de la furgoneta de la misionera, que se lo lleva para entregarlo a las autoridades, pero ésta se apiada de él sin conocer realmente nada de su pasado y lo libera en la frontera de Colombia.
A caballo entre Ecuador y Colombia, Pedro continúa con sus asesinatos con el mismo modus operandi y sus víctimas, como se supo más tarde, superan ya posiblemente las trescientas. Todas ellas niñas inocentes de entre 8 y 12 años, que Pedro cautiva con pequeños regalos para llevarlas a lugares apartados.
En 1980, una riada en Ambato, cerca de Ecuador, deja al descubierto una de las fosas de Pedro con los restos de cuatro niñas y la policía por fin comienza una investigación.
Al final, Pedro Alonso es apresado cuando intenta raptar a una niña de 12 años en el parking de un supermercado. La madre, María Poveda, da gritos de alerta cuando se percata de lo que está sucediendo y los comerciantes de la zona retienen a Pedro hasta que llega la policía.
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María Poveda junto a su hija

Tras la negación inicial de confesar, y con la ayuda del padre Godino, que había establecido cierta amistad con Pedro en prisión, el ya conocido como Monstruo de los Andes confesará todos sus crímenes con todo lujo de detalles.
Pedro confesó a los investigadores que había asesinado por lo menos a 110 muchachas en Ecuador, 100 en Colombia, y “muchas más de 100″ en Perú.
A mí me caen bien a las muchachas en Ecuador,” dijo, “son más dóciles y más confiadas e inocentes, no son como las muchachas colombianas que sospechan de extraños.
En el curso de sus confesiones, Pedro justificó sus crímenes a su dura vida y a una adolescencia difícil y solitaria.
Perdí mi inocencia a la edad de ocho años” explicó, “así que decidí hacer lo mismo a tantas muchachas jóvenes como pudiera.”
Cuando se le preguntó que hacía con estas víctimas, Pedro explicó que primero violaba a su víctima, y entonces la estrangulaba mientras miraba fijamente sus ojos. Quería tocar el placer más profundo y de la excitación sexual más profunda antes que su vida se marchitara. Siguió declarando que el horror continuaría aun después de su muerte.
Pedro llevó a la policía hasta los lugares donde había enterrado a sus víctimas, en una de ellas se descubrieron 53 cadáveres de niñas. De este modo, recorrieron más de 28 fosas. En algunas de ellas no se encontró nada, pero se atribuyó la desaparición de los restos a las riadas o a la acción de las alimañas.
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No todos los asesinatos se pudieron probar, pero como confesó el director de asuntos de la prisión, Vencedor Lascano: “Si alguien confiesa ser autor de cientos de asesinatos y se encuentran más de 57 cadáveres, debemos creer lo que dice.” Lascano también le dijo a ese periodista, “pienso que su estimación de 300 es muy baja.”
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En 1980, Pedro Alonso López es condenado por sus múltiples asesinatos a pasar el resto de su vida en la cárcel. Aunque esto no sucedió; en 1999 obtuvo la condicional de la cárcel de Ecuador y aunque le hubieran tenido que reclamar para juzgarle, Colombia y Perú no lo hicieron por falta de medios. Desde entonces se halla en paradero desconocido, aunque se sospecha que pudo haber sido asesinado por un cazarrecompensas o algún familiar de sus numerosísimas víctimas, pese a que todavía, de vez en cuando llegan reportes de gente que asegura haber visto al monstruo de los Andes en las montañas de Ecuador o Colombia. Desde que fue encarcelado, los familiares de las víctimas ofrecieron una recompensa de 25000$ a quien acabara con él, ya fuese dentro de la prisión o fuera. No se sabe que nadie haya cobrado a día de hoy dicha recompensa…
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Otra vez y de nuevo nos encontramos ante un vínculo común de tantos y tantos asesinos en serie. Una infancia traumática en una familia desestructurada y una serie de abusos, tanto físicos como psicológicos en sus primeros años de vida. Y de nuevo, la misma pregunta ¿Es esto suficiente para disculpar sus posteriores actos psicópatas?
En el caso de Pedro Alonso López, habría que recordar que tuvo 12 hermanos más que crecieron en sus mismas condiciones, y ninguno de ellos fue a posteriori asesino en serie como él.
Fuente: http://tejiendoelmundo.wordpress.com